sábado, 21 de julio de 2018

Los Insurgentes: El Sacrificio de Don Miguel Hidalgo



El Sacrificio de Don Miguel Hidalgo


Después de llevarse a cabo el proceso de degradación y después de ser despojado de su calidad de sacerdote, Don Miguel Hidalgo, hasta el sitio en donde iba a ser fusilado en el antiguo Colegio de Jesuitas convertido en hospital militar, lugar en donde actualmente se ubica el Palacio de Gobierno de Chihuahua, que entonces se llamaba Villa de San Felipe del Real de Chihuahua.

La fecha era el 30 de julio de 181. El coronel Francisco Armendáriz, relato los pormenores de la ejecución de Don Miguel Hidalgo y cito:

“Conducido hasta donde se hallaba el pelotón que iba a ejecutarle, el reo repartió dulces a los soldados, pidió que le tiraran al corazón, poniendo su mano sobre el lado izquierdo de su pecho, encargó a los soldados que la tomasen por el blanco, y se dejó vendar con entereza; a la señal del capitán cuatro soldados hicieron fuego, destrozándole el vientre y quebrándole el brazo izquierdo, él se arrancó la venda con la mano derecha y lanzó una mirada a los soldados, brotando de sus ojos dos lagrimas; se hizo otra segunda descarga, quebrándole el esternón; en seguida otra tercera, que sólo le destrozó el estómago; entonces el capitán hizo avanzar a dos soldados, que le hirieron el corazón, quedando entonces completamente muerto…”

Con la muerte de Don Miguel Hidalgo, terminaba la primera etapa de la lucha que emprendió al grito de “Viva la religión. Viva nuestra madre Santísima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Viva la América y muera el mal gobierno”.



General Francisco Villa: Una yegua llamada “Siete Leguas”


Una yegua llamada “Siete Leguas”


Seguramente, ustedes muchas veces se han preguntado el origen del nombre “Siete Leguas”, yo también tuve esa curiosidad y me dediqué a indagar su origen y he aquí el resultado.

Cabe hacer mención, que, en la última etapa de la revolución, el General Francisco Villa, montaba una yegua, la cual era su favorita y que se llamaba “La Muñeca”, nombrada así por él, por su finura de formas y por el paso elegante que tenía.

La yegua, tenía piernas delgadas, pero fuertes, amplio pecho, pelamen finísimo que brillaba al sol, era arrogante y de estampa muy ligera.

El General Francisco Villa, obtuvo esta yegua del cruce de una yegua cruzada y de un caballo árabe finísimo, que había en la Escuela de Agricultura en la época en que estuvo en México, en la época de la Convención Revolucionaria.

El caballo se llamaba “Fripon”, el cual el general monto varias veces durante su estancia en la capital. Desde que la yegua nació se tuvo con ella un esmerado cuidado y cuando hubo necesidad de amansarla, lo hizo personalmente el General Villa y desde entonces la montaba.

Una tarde, cuando se estaba bañando el general, en un pequeño arroyo cercano a una cueva en donde se ocultaba, cercana a Valle de Allende, Chih., cuando llego uno de sus hombres a todo galope, con el fin de avisarle, que por un camino cercano venía una gran fuerza de caballería, el general se vistió rápidamente y espero junto a sus hombres los acontecimientos.

Bien pronto, la yegua empezó a mostrarse impaciente percibiendo a lo lejos la cercanía de otros caballos y lanzo un relincho, el cual no solo fue contestado por otros relinchos, sino por descargas de fusilería de los soldados que avanzaban por entre el bosque hacia su dirección.

Fue entonces que el General Villa, monto su yegua y salió a todo galope la ladera de un cerro y se introdujo en un bosque cercano, desde la cima del cerro se detuvo para ver qué pasaba y vio a lo lejos, sobre el camino, corrían en su persecución varios jinetes, al ver esto, reanudo la carrera.

Pronto llegó a un camino que lo llevaba a Villa de Allende, la pasara por una ranchería, en al cual en sus orillas y a la sombra de un álamo dormían tres soldados carrancistas, los cuales se despertaron y con las armas en la mano le marcaron el alto, el general siguió corriendo, al no detenerse los soldados hicieron fuego casi a quemarropa, la yegua los arroyo y siguió corriendo sin parar cinco o seis kilómetro.

Villa siguió por el camino y ya caída la noche, se detuvo a las puertas de una fábrica de hilados y tejidos muy famosa en esos tiempos, ubicada en el poblado de Talamantes, la cual estaba abandonada. Ahí lo recibió el conserje, un viejecito de nombre Antonio Garcia y lo oculto en la fábrica, fue entonces que el General Villa se dio cuenta con verdadero asombro, que todo el pecho de la yegua estaba lleno de sangre.

La noble bestia, había recibido un disparo en el pecho, pero no obstante a eso había seguido corriendo. La metieron a un cuarto de los telares y le lavaron la herida, la hacerlo se dieron cuenta que la bala había salido por detrás de la paleta de la mano derecha. Le aplicaron alcohol y luego le untaron bálsamo prieto y algunas medicinas más apropiadas para curar heridas.

Después de la curación y cuando estaban cenando, el general, le pregunto al viejito:

“¿Cuánto   crees que ha corrido este animal   conmigo?

El viejito le contesto con otra pregunta:

“¿Cuánto, mi jefe?”

Le contesto el General, “Siete Leguas”, y de hoy en adelante, continúo hablando el general, “si se salva mi animalito”, la llamaré   "Siete Leguas". Tan buena como su madre, que murió en uno de los combates de Celaya.  Villa agrego: “La madre de esta yegua era de un rico de México, de Guillermo Landa y Escandón”.

“Cuando entré   a la Ciudad de México ordené que todos los caballos fueran presentados por los particulares en el cuartel general. A la yegua, ya la había visto a mi entrada a la Capital, en el Paseo de la Reforma.  No faltó quien me dijera que era cruza   de árabe   y todos los días investigaba   si, en obediencia   de mi orden habían traído la yegua, pero la yegua no venía”.

"Me dijeron   después   que, por la calle de Guerrero, el animal estaba escondido; y aunque   personalmente di varias vueltas   por allí no la encontré, ni la hallaron tampoco   varios de mis oficiales a quienes les encomendé   que la buscaran”. 

“Un día que pasaba   por la Escuela   de Agricultura entré y vi allí dos caballos enteros, uno de ellos árabe, y el otro andaluz, el primero se llamaba “Fripon” entonces   pensé   que esos caballos me servirían   mejor  que  los  oficiales  y  que  yo mismo, para  encontrar   a la yegua  que  buscaba”.

"Montamos   a los caballos Rodolfo Fierro y yo nos fuimos por las calles de Guerrero.  Ya casi para llegar a Nonoalco los caballos   empezaron a ponerse   impacientes    y a relinchar como olfateando   cerca una yegua y, después   de dos o tres vueltas a la calle, no tardamos en oír un relincho   sofocado”. 

Seguimos   pasando, los caballos se ponían   cada vez más impacientes, por último, “Fripón” que yo llevaba, se detuvo frente a un zaguán   como queriendo entrar, hice que algunos de mis hombres penetraran   a la casa y a poco salían con varios caballos y entre ellos con la yegua que tanto buscaba.   De Fripón   y de ese yegua vino ésta que acabamos de curar", término de contar el general.

Cuando el General Francisco Villa se rindió al gobierno, le quiso hacer un obsequio "al simpático   muchacho que nos gobierna", el general así llamaba a Adolfo de la Huerta, y le obsequio la yegua. Adolfo de la Huerta, que sentía cierto afecto del General Villa y desde luego acepto el regalo y en un carro de ferrocarril, perfectamente    cuidada por el coronel villista   Baltazar   Piñones y otros hombres, llegó a la Capital y fue llevada a las caballerizas   de Palacio Nacional.

El animal   no estaba   contento   allí:  la mimaban   demasiado   y se había   vuelto arisca.   Difícilmente   dejaba   que se le acercaran   y como nadie la montaba   se estaba   volviendo, como decía uno de los que la cuidaban, “ovachona".

Un día que vino a México, el General Lázaro Cárdenas, en una conversación   que tuvo con Don Adolfo, en los últimos días de su interinato, hablaron   de Villa y entonces le mencionó lo de la yegua. Mostró curiosidad   por conocerla y Don   Adolfo, gentil   y correcto, fue personalmente a enseñársela.   

El General Cárdenas vio   que el animal era fino   y, como buen conocedor de caballos, hizo elogios   de la bestia.  Don Adolfo entonces se la obsequió. El General Cárdenas   la tuvo en su poder mucho tiempo, al grado que se murió de vieja, tras grandes   esfuerzos que hicieron por salvarla.

Esta es una de tantas anécdotas vividas por el General Francisco Villa, que le conto a su amigo el Ing. Elías Torres, durante los días que paso con el general en la Hacienda de Canutillo. Saludos.

La foto que subo, es una foto tomada del Archivo Histórico de la Secretaría de Cultura del Estado de Chihuahua, así que para ellos los créditos que corresponden.

Los Imperialistas: Carlota I Emperatriz de México


Carlota I Emperatriz de México


La Emperatriz Carlota Amalia de Bélgica o Carlota I de México, nació en el castillo de Laeken cerca de Bruselas, Bélgica, el 7 de junio de 1840. Fue una de las hijas del matrimonio formado por el Rey Leopoldo I de Bélgica y la Princesa Luisa María de Orleans.

En el año de 1857 contrajo matrimonio con Maximiliano de Habsburgo, archiduque de Austria, quien siete años después sería coronado emperador de México.

El 10 de abril de 1864, los príncipes Maximiliano y Carlota recibieron en el Castillo de Miramar a la comisión enviada por la Junta de Notables de México para ofrecerles el trono del país, el cual aceptaron creyendo que era una petición de todo el pueblo. El 12 de junio de aquel año llegaron a la capital de México, y luego se instalaron en el castillo de Chapultepec.

En el corto tiempo que duro el Segundo Imperio de México, (1864-1867), la emperatriz asumió las funciones propias de su rango, y durante las ausencias de Maximiliano, encabezó la regencia del Imperio.

La presión de las tropas republicanas encabezadas por el Presidente Benito Juárez y la imposibilidad de Maximiliano para mantener el control militar en el país, aunado a lo anterior, la posible salida de las tropas francesas de México y ante la posibilidad de perder la Corona, tuvo que viajar a Francia en el año de 1866, en busca de apoyo del Emperador Napoleón III.

Tras serle negado el apoyo, la emperatriz marchó a Roma para entrevistarse con el Papa (Es la primera mujer que duerme en El Vaticano). Fue entonces cuando se manifestaron los primeros síntomas de su enajenación mental, agravados por el fusilamiento de su marido en México.

Ella pasó el resto de su vida en aislamiento, primero vivió en el pabellón del jardín “El Gartenhaus” del Castillo de Miramar. Posteriormente, la familia real belga la alojo en el Castillo de Tervueren. Después residió en el Palacio Laeken y finalmente fue alojada en el Château de Bouchout en Meise, Bélgica. lugar en el que quedó recluida hasta su muerte a los 86 años, a causa de una neumonía el 19 de enero de 1927.

Las crónicas de la época dicen, que en su lecho de muerte ella murmuro lo siguiente:

"Recordadle al universo al hermoso extranjero de cabellos rubios. Dios quiera que se nos recuerde con tristeza, pero sin odio"

Según el historiador mexicano Luis Weckmann sus últimas palabras fueron:

"Todo aquello terminó sin haber alcanzado el éxito".

Sus restos reposan en la cripta de la Iglesia de Laeken, lejos de los restos mortales de su marido, que descansan en la Cripta Imperial de la Iglesia de los Capuchinos en Viena.

En cuanto a los orígenes de su locura se manejan muchas versiones, las cuales, todas ellas no han sido compradas, van desde que una vieja curandera de filiación juarista, le dio un brebaje que la volvió loca o hasta que se volvió loca por el amor que le tenía a Maximiliano. Lo cierto, que la enfermedad mental que padeció fue paranoia y esquizofrenia, que se acentuó al enterarse de la muerte de su marido.