martes, 10 de julio de 2018

General Francisco Villa: (¿Quién es el autor intelectual del asesinato del General Francisco Villa?)



¿Quién es el autor intelectual del asesinato del General Francisco Villa?

El próximo 17 de julio, se va cumplir un año más del asesinato del General Francisco Villa. Durante mucho tiempo se ha manejado la versión, de que su asesinato fue un crimen de estado, ordenado por el entonces Presidente de México General Álvaro Obregón y todo parecía indicar que sí, pero no es esta la verdad histórica.

El General Francisco Villa, durante su vida como criminal y después como militar, era muy desconfiado y muy cuidadoso de la seguridad de su persona y de los que lo rodeaban, con el paso del tiempo y a partir que se rindió al gobierno de Adolfo de la Huerta su desconfianza disminuyo, debido a que sus vínculos con el General Obregón era cordial y prueba de ello es que existió mucha correspondencia entre ellos, cosa que no le gusto a muchos y trataban por todos los medios que se enemistaran los dos generales. 

Es sabido que el General Villa y la familia de los Generales Maclovio y Luis Herrera eran enemigos irreconciliables, debido a que los dos últimos generales lo traicionaron y le voltearon la espalada al apoyar a Venustiano Carranza. Debido a todo lo anterior, Villa juro que iba a acabar con la familia y lo hizo. Al General Luis Herrera, lo colgó cuando estaba agonizando y mando fusilar a Don José de la Luz Herrera, padre de los dos generales y a dos hermanos más en la ciudad de Parral. Chih.

En la ciudad de Torreón, Coah., vivía el único sobreviviente de la familia Herrera Cano de nombre José, quien, desde que el General Villa vivia en la Hacienda de Canutillo, intrigaba en contra de él, hasta llegar a planear su asesinato. El en persona se entrevistó con el General Álvaro Obregón, para darle a conocer que iba mandar a matar al General Villa, porque creía que el general lo estaba cazando.

En el libro titulado “La Sangre al Río”, escrito por Raúl Herrera Márquez, narra el pasaje, en donde José Herrera Cano le informa al entonces Presidente Álvaro Obregón de asesinar al General Francisco Villa y cito:

“Mi   general, le vengo a informar que voy a matar a Francisco Villa. Un ligero sobresalto en la mirada del Presidente Álvaro Obregón delata su sorpresa. Después de intercambiar con él palabra, insustanciales acerca del clima y la economía en Torreón, desde donde viajó a la Ciudad de México, Jesús Herrera se ha dejado de rodeos”.

Las puertas de Palacio Nacional se abrieron para él gracias a la cercanía que sus hermanos, los difuntos   generales Luis y Maclovio Herrera, tuvieron con Obregón, El presidente mantiene una expresión serena sólo traicionada por la pérdida de la sonrisa, por su silencio y por el tamborileo de sus dedos sobre unos documentos, que descansan en el escritorio.

“No le vengo a pedir permiso, general -continúa Jesús, sin dejarse intimidar por el silencio y la actitud inquisitiva del presidente, le vengo avisar, Esa fiera se ha ensañado con mi familia. De los hombres sólo quedo yo, y ya ha intentado matarme.  Hace apenas unos días me mandó dos asesinos a Torreón. Gracias a dios que un pariente lejano que andaba en Canutillo por negocios se dio cuenta de los movimientos y me previno. La policía agarró a los matones cuando entraban armados en mí oficina, llevaban mi nombre anotado”. 

“Mi general, usted conoce a Villa tan bien como yo, no va a parar hasta verme muerto y es muy capaz de seguirse con las mujeres y los niños, acuérdese de que prometió acabar con todos nosotros. No voy a quedarme con los brazos cruzados, tengo que hacer todo lo que esté en mis manos por impedir más tragedias en mi familia; de otro modo.  no sería digno de llamarme hijo de mis padres”.

“¿Bueno, ¿Don Jesús, rompió el silencio el presidente, vino desde Torreón para decirme esto? ¿por qué?”

“Mire, mi general (continúa Herrera), recargando los antebrazos sobre el escritorio después de pasar su sombrero a la silla de junto-.  yo ya tengo todo planeado y me falla poco para acabar de conseguir a la gente que se va a en cargar, pero necesito pedirle un favor en memoria de mis hermanos, que en paz descansen”.

“Usted sabe que a los generales y a su señor padre siempre les guardé un particular aprecio, responde Obregón, mostrando una cautela inusual en su abierto carácter norteño.”

“Como le digo, tengo todo preparado, prosigue Herrera, pero necesito asegurarme de que mi gente pueda actuar con libertad.   Acuartéleme a la tropa en Parral, o si se puede, mándela fuera de la ciudad. También le quiero pedir inmunidad.  No soy el único que tiene interés   en este asunto; hay muchos que participamos. Todos somos hombres comunes y corrientes.   Somos gente pacífica, pero no hay uno entre nosotros con quien no tenga Villa cuentas pendientes, al que no ha tratado de asesinar, le ha matado familiares o lo ha despojado.   Todos vivimos bajo amenaza, en esto hay mucho de defensa propia; no sería justo que saliéramos perjudicados por protegernos”.

“Mire, Don Jesús, se expresa por fin Obregón, a este país lo que le urge es pacificarse. Mi gobierno no quiere participar en más actos de violencia”.

Con el estómago hecho nudo, Jesús, se esfuerza por evitar que la decepción se le note en la cara.

“No dejo de ver que México ha pasado por tiempos muy difíciles, continúa   el presidente, hay muchos que con todo derecho se sienten agraviados, y es natural que quieran hacer justicia por propia mano, pero en mi posición no puedo   suscribir   los   planes de usted, imagínese”.

“Bueno a todo esto, como esta su señora madre y sus hermanas, no me ha dicho nada de ellas”.
“Decayendo, general, responde Jesús, replegándose   a su respaldo   y desviando la mirada con incomodidad, ya está anciana, tantas muertes la han destrozado.  Mis hermanas, luchando por sobreponerse a la pena, para poder seguir adelante con sus vidas”.

Obregón se pone de pie, rodea su escritorio y se dirige lentamente a la puerta en señal de que la entrevista ha terminado.  Jesús recoge su sombrero y va tras él.

“Deles muchos saludos de mi parte, Don Jesús.  Sé bien lo mucho que han sufrido ustedes, y no he olvidado que en Chihuahua el General Don Luis y yo intercambiamos promesas de ver uno por la familia del otro en el caso de que cualquiera   de los dos muriera”

“Recuerdo la expresión de confusión del   mayorcito cuando su papá me lo presentó”, agrega sonriendo, con la mano en el picaporte. Agrego, mi promesa de entonces fue auténtica, concluye levantando los ojos, para clavarlos en los de su interlocutor”

“En lo que esté a mi alcance, a usted y a los suyos no les va a pasar nada”

Jesús siente el golpeteo acelerado   de:  su corazón. Más claro, ni el agua.

“Le    agradezco mucho su comprensión, mi general”.

“Por allá en Torreón lo va buscar un hombre de mis confianzas.  Por conducto de él, manténgame informado, de sus negocios, de sus necesidades, en fin, de todas sus actividades y sus planes”

Era el 26 de marzo de 1923, era un hecho, Jesús Herrera Cano, tenía el camino abierto para asesinar al General Francisco Villa.

Finalmente, el 17 de julio de 1923, fue asesinado cobardemente, el General Francisco Villa, en Hidalgo del Parral, Chih., víctima de la traición de los enemigos cobardes que siempre tuvo.

Por último, aunque Álvaro Obregón no fue el autor intelectual del asesinato del General Francisco Villa, si es culpable por omisión, porque la enterarse del posible asesinato del general, por boca de Jesús Herrera Cano, no hizo nada para impedirlo y de algún modo, les facilito le trabajo a sus asesinos materiales, cuyos nombres son:

Jesús Salas Barraza, Melitón Lozoya, Librado Martínez, Juan López Sáenz Pardo, José Sáenz Pardo, José Barraza, Patrocinio Reyes Caldera y los hermanos José y Román Guerra y el asesino a sueldo, Ruperto Vara.

jueves, 5 de julio de 2018

Personajes de la Revolución (Obregón el Implacable) "El Asesinato de Francisco Murguia"




Asesinato del General Francisco Murguía

Muchos se ha dicho que la historia la escriben los vencedores y a lo largo de nuestra historia, hay muchos ejemplos de lo anterior, ¿Cuántas veces alabamos a los vencedores, aunque sean unos asesinos y traidores, nada más por que vencieron y olvidamos verdaderamente a los héroes, que la mayoría de las veces son los perdedores? De lo último hay muchos ejemplos, yo les voy a mostrar uno.

Cuando fue capturado el General Felipe Ángeles y habiéndosele formado consejo de guerra, la orden de Venustiano Carranza era terminante fusilar al famoso artillero, siendo comandante militar de la ciudad de Chihuahua el General Manuel M. Diéguez, y sabiendo
el General Álvaro Obregón de la inmensa popularidad del General. Ángeles, le envió un telegrama con el siguiente mensaje:

"Lo borraré a usted del número de mis amigos, si hace alguna gestión a favor del General Ángeles”.

Álvaro Obregón, era un tipo que amaba el poder, por el poder mismo, y no se andaba con cosas a la hora de ejecutar a los que se atrevían a disputarle el poder, tal como lo hizo con el General Francisco Murguía (A) “Pancho Reatas” y con una lista interminable de sus amigos que caerían muertos por la traición de un hombre que era implacable con sus "amigos”.

Y que además era un cobarde, porque él no mataba personalmente a sus enemigos, si no, que los mandaba matar, el tipo este instituyo el “Asesinato Político” cunado mando a matar al senador Field Jurado, porque se negaba aprobar los “Tratados de Bucareli”, en donde Estados Unidos lo reconocía como presidente a cambio de muchas prebendas que le dio el “Manco de Celaya”

El General Francisco Murguía, siempre fue leal a Venustiano Carranza y lo acompaño hasta su muerte en Tlaxcalaltongo, cuando escapaban de las hordas traidoras del Plan de Agua Prieta, comandadas por Álvaro Obregón.

A Francisco Murguía era el único carrancista a quien Obregón le tenía miedo y también le tenía un odio profundo, debido a una carta abierta a Obregón, en donde lo llamaba delincuente común, jefe de un mal gobierno por su inmoralidad política, y lo acusaba de malversación y despilfarro de fondos públicos, indignidades internacionales, aparte de haber nacido del crimen y sostenido por el crimen, adoptando el asesinato como sistema fundamental de conservación, contra sus enemigos políticos supuestos o reales, a quienes hacía desaparecer por medio de la ley fuga, por el secuestro, por el fusilamiento y aun por procedimientos que ni el mismo Victoriano Huerta empleó jamás, no obstante haber pasado éste como el tipo de soldado brutal que mata sin escrúpulos.

Decía Murguía que Obregón alardeaba de que las cárceles estaban vacías en México, pero era porque no había piedad para nadie. En esa carta abierta señalaba una lista de hombres que fueron asesinados por el régimen obregonista y terminaba su carta excitando al presidente Obregón a que suspendiera el sistema de asesinatos y traiciones y combatiera cara a cara, sin cobardías y perfidias, con lealtad y el género de armas que merecen los hombres de honor y firmaba. De usted lealmente enemigo: Francisco Murguía

Por lo anterior, no fue extraño que después de ser capturado en la parroquia de Tepehuanes, Dgo., Obregón le ordeno al General Juan S. Torres, Jefe de Operaciones de Durango, que le procediera a formar un Consejo de Guerra Extraordinario y que después fuera pasado por las armas, todo eso sucedió en la noche del 31 de octubre de 1922.

Ante el cuadro de fusilamiento, el General Murguía arengó a los soldados a que no lo fusilaban, sino que lo asesinaban, así en posición militar, con la cabeza en alto recibió la descarga de muerte.

De ese tamaño era el miedo que le tenía a ese valiente general. Obregón más tarde habría de morir asesinado, unos dicen que, por un fanático religioso, otros que por quien gobernaba a México en esos días, que era Calles, pero se habría de cumplir la sentencia del que a “hierro mata a hierro muere”.